La voz de Gonzalo atrapa por lo que cuenta: la aventura interior de un pibe perdido en la aventura política de estos días, su resplandor, su entrega, su alucinación, su podredumbre. No recuerdo haber leído reflejo más fiel, ni más virulento. Pero si queda en la memoria, esa voz de Unamuno, es por su tono: por ese fraseo de dandy que se puede reunir, en una misma frase, ideal y basura, por ese tono patotero quebrado cada tanto por nuestra más recóndita desesperación. Que nadie tome por pasajero lo que tiene de actual: en sus silencios, en sus entre lineas, grita el eterno dolor ante una primera incumplida, ante esa humillación de apenas ser uno más que marca el fin de la juventud.